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viernes, 29 de octubre de 2010

¿Estamos locos o qué? El amor no se consigue con una pastilla.

Imagino que este nuevo desvarío científico no llegará a ninguna parte, pero da miedo. Porque si sufres de estrés, depresión o cualquier otra dolencia psíquica, es probable que sea porque no estés enamorado, por lo que el psiquiatra te recetará unas pastillas y ¡voilá!, una nube de mariposas empezará a revolotear con alegre jolgorio en tu duodeno. Igual hasta somos felices y comemos perdices.

Lo que no dicen los lumbreras es si te enamorarás de tu mujer, de tu secretaria, o de tu amigo del alma. ¿Os imagináis? Vas a que el médico te  recete un tranquilizante para el estrés y te cargas tu matrimonio. ¿Elevaría al grado de pandemia la epidemia de anormosexualidad actual o nos llevaría a tontear con niñas de trece años como Sánchez-Dragó? ¿Las viudas de postín se enamorarían de su perro chochero?

Una cosa es que eso de lo que hablan no tenga ninguna relación con el amor auténtico (como siempre, recomendamos la lectura de la sección el Arte de Amar de este blog) -el que es conducta y no sentimiento-, que contribuyan a difundir la falacia del amor-sexo, que ya es bastante pernicioso para la sociedad porque desorienta la brújula de las personas, consiguiendo que deje de apuntar al norte cristiano que nos recordaba San Agustín: Ama y haz lo que quieras, abocándonos a su opuesto, al hedonismo, al egoísmo, la inmadurez y la irresponsabilidad. 

Otra muy distinta que su necedad les lleve a pretender eliminar el dolor del desamor sustituyéndolo por un estado de enamoramiento. La experiencia de dolor y sufrimiento es esencial para un desarrollo humano equilibrado y su evitación a toda costa nos arroja en las garras del suicidio como en el caso ahora negado -así se escribe la historia- de Cristina Onassis. Esperemos que a la mimada hija del cienciólogo Tom Cruise no le ocurra lo mismo.

Sin embargo, supongo que sin pretenderlo, los científicos mencionados aciertan cuando dicen que eso que llaman amor, está en el cerebro. El corazón es una bomba hidráulica.



miércoles, 20 de octubre de 2010

Por fin puedes tener el Manual Práctico de Cienorgasmología



¿Será un clásico como el Kamasutra? ¿Se venderá más que El Código da Vinci? ¿Mejorará la vida sexual de cientos, miles, millones, generaciones... de personas? ¿Vencerá a las grandes editoriales un libro editado por una modesta empresa? ¿Se convertirá en Best Seller del año?

No somos adivinos, pero lo que sí podemos afirmar es que quien ha entrenado el método de la Cienorgasmología ha conseguido provocar con facilidad decenas de orgasmos a su mujer en una hora. Los testimonios de varios de ellos y las investigaciones científicas recogidos en este blog dan fe de la efectividad y garantía del método.

La Cienorgasmología evolucionará tu vida sexual hasta un punto que aún ni sospechas, y fácilmente. Tu mujer estará más que satisfecha y orgullosa de su marido. Tú estarás más que satisfecho y encantado de ser un maestro capaz de sacar de tu mujer tantísimo placer. Tu relación conyugal se verá reforzada por el íntimo éxito que os une mucho más.

Si eres de los que creen que ser un atleta sexual es una tontería propia de inmaduros, aunque sí practiques deporte para mejorar tu condición física o compres libros de autoayuda para mejorar algún aspecto de tu personalidad ¿por qué no entrenarte con la sencilla Cienorgasmología? La negación esconde en ocasiones la conciencia de la mediocridad, un egoísmo infantil y una incapacidad de amar. Tu mujer merece algo más que uno o dos orgasmos trabajosamente arrancados. Rompe la rutina de tu sexualidad y vive una nueva luna de miel

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lunes, 18 de octubre de 2010

Nos casamos enamorados

Esta semana escuché una historia que disparó en mí una concatenación de pensamientos me pusieron los pelos de punta; resulta que un caballero que se iba a casar en un breve plazo contaba que era divorciado, y que su anterior matrimonio había fracasado pese a haberse casado enamorados

No me cabe duda de que eso que llamamos enamoramiento es una estrategia de la naturaleza para garantizar la supervivencia de la especie. Piensen en un momento en los argumentos de los matrimonios que no quieren tener hijos o en los que sólo desean uno. En la mayor parte de ellos, en los países civilizados, los argumentos esgrimidos son recurrentes: tener hijos limita la vida, la libertad, los niños dan mucho la lata y consumen recursos que la pareja podría usar en su propio disfture...
Dado que soy partidario de ponerle pocos límites a la naturaleza humana tendría que ver el enamoramiento como algo positivo, sin embargo, pese a entenderlo así, observo no pocos peligros que conviene no dejar pasar inadvertidos.
El enamoramiento es una suerte de enajenación mental transitoria que dura alrededor de tres año y que literalmente anula nuestra capacidad de juicio crítico con respecto a la persona de la que estamos enamorados, como si a la naturaleza le importara un pito con quién nos reproducimos sino que nos reproduzcamos, cuanto más, mejor. 

De modo que si no nos planteamos friamente la capacidad del otro de amarnos más allá del periodo en el que cada uno trata por todos los medios de engatusar al otro para conseguirle, algo muy difícil de constatar antes de los tres años mencionados si el individuo no tiene un currículum verificable de participación en actividades de caridad cristiana, de catequesis, etc. -lo que obviamente tampoco es garantía absoluta, pero al menos nos informa de una persona acostumbrada a darse a los demás desinteresadamente-, podemos caer en el mismo error del divorciado al que escuché: creer que estar enamorados es precisamente la garantía de que el matrimonio perdurará felíz y contento.

Es después de los primeros tres años de relación cuando realmente empezamos a mostrarnos como somos -normalmente como nuestros propios progenitores- sin los disfraces de amantes solícitos y atentos de los apasionados comienzos que muchas veces tienen más que ver con la compensación de las propias carencias gracias a la presencia de las características en el otro de los aprendices de vampiro, de modo que aunque la naturaleza nos impulse a poblar el planeta, conviene poner los pies en el suelo y recuperar la sana costumbre del noviazgo largo, porque sólo entonces uno puede tomar la decisión de casarse con alguien a quien realmente conoce y tener hijos con quien no va a jugársela a la vuelta de la esquina.

 

domingo, 10 de octubre de 2010

Adiós con el corazón... a la Viagra femenina

Acabo de leer por aquí que el 15% de los humanos -¿qué escribo, tienen o tenemos?- el riesgo de padecer un trastorno mental alguna vez,;y como el estudio no especifica profesiones, edades, sexos o sectores concretos, imagino que ese porcentaje está repartido por igual entre todos, incluso entre las empresas farmacéuticas. 

Hay que estar muy trastornado para no entender que la mejor Viagra es la satisfacción sexual. La llamada viagra femenina había sido descubierta por casualidad, como tantas otras medicinas que nos facilitan la vida, debido a que como efecto secundario en los tratamientos de depresión, las mujeres menopáusicas experimentaban un aumento de su deseo sexual. La cuestión que queda sin plantear es: ¿durante cuánto tiempo?
A medida que nos hacemos mayores el deseo sexual disminuye naturalmente, con las lógicas excepciones. La avidez de las féminas por ser inseminadas convertida por los hipócritas en actos amatorios da paso a un impulso más tenue relacionado cada vez más puramente con el placer, en detrimento del asunto reproductivo. Es de pura lógica, ¿no? No hace falta ser un lince para entenderlo.

Y si -como en más de una ocasión hemos advertido- la mujer no obtiene la suficiente satisfacción de su marido, que le compense prepararse para el acto sexual porque el individuo es un zote, ya le podemos dar una tortilla de viagras femeninas girosas, que no va a querer seguir repitiendo la placentera experiencia. Eso sin tener en cuenta el efecto de habituación al fármaco, que contribuye a que su efecto se debilite.

Es interesante reflexionar sobre el asunto, porque para estos sagaces científicos la pérdida de deseo es un factor aislado que depende únicamente de "los mecanismos cerebrales que regulan la respuesta sexual en las mujeres", y no del contexto en el que vive. Vale, entonces, si los mecanismos de la mujer están sanos, ¿tiene que vibrar de deseo de abrirse de patas debajo de un inútil marido que no se preocupa ni un instante de ella ni de su placer?

Porque es el varón el responsable de suscitar el deseo de su mujer, y si no lo consigue, me juego un dedo a que ella preferirá que las pastillas se las tome la mamá del investigador.
Otros usos más lúdicos, que me juego otro dedo que es el nicho de mercado al que los laboratorios realmente querían destinar el medicamento -menudo chollo, las venderían como churros en las discotecas (o en los pisos)-, debe ser lo que ha provocado la unanimidad de los miembros de la FDA en el rechazo a la aprobación del medicamento: tienen hijas y nietas en edades peligrosas, y bastante golfillas son ya de natural  más de dos para que encima les coloquen una pastillita excitante en la copa. Resultado de la votación: 12 en contra, 0 a favor.

 


lunes, 27 de septiembre de 2010

Sexo y mentiras farmacéuticas

Qué placentero resulta que a uno le den la razón, ¿verdad?. Sobre todo cuando son los hechos quienes nos premian con su reconocimiento. Recordarán algunos que los postulados fundamentales de la Cienorgasmología obtuvieron una sólida confirmación científica, lo que despejaba las dudas sobre la credibilidad de más de uno, incluido yo mismo; pero hoy tenemos algo más. 

Resulta que el periodista Ray Moynihan afirma que "A mujeres sanas con poco deseo sexual les hacen creer que tienen un problema de salud y les venden medicinas", algo de lo que ya hablamos aquí, aquí y aquí, desde distintas e interesantes perspectivas; o cuando alertamos sobre los peligros de los cachivaches sexuales: consoladores (ahora quieren que les llamemos dildos) y otros juguetes, cremas, potenciadores del orgasmo, estimulantes, etc.

Con mucho sentido común -aunque exagerando seguramente- nos advierte que: "los clientes objetivos de las farmacéuticas son las personas sanas, no las enfermas"; lo que podemos hacer una vez más extensivo a nuestro ámbito de la sexualidad para recordar que el orgasmo está en el cerebro, y no en los genitales. Emplear analgésicos para eliminar dolores recurrentes sin consultarlo con el médico no elimina el problema, sino que oculta el síntoma, poniéndonos en riesgo de no atajar a tiempo alguna enfermedad grave. Igualmente, emplear cualquier instrumento o accesorio para lograr un goce que no se alcanza por medios naturales es una condena a la inhabilidad permanente.


La ausencia de deseo que ocurre al margen de patologías reales -no imaginarias- es normal en los cónyuges en determinados periodos, fundamentalmente dos o tres años después de iniciada la relación, en los alrededores del embarazo y el parto, durante la menopausia, en periodos de estrés intenso, o simplemente porque cuando ya se ha tenido descendencia la naturaleza ya no te presiona con tanta fuerza para que te reproduzcas.

Aceptar esta realidad es un síntoma de madurez y de cordura, lo que no quita, desde luego, para que pongamos de nuestra parte todo el esfuerzo -pequeño y placentero- que exige la Cienorgasmología para que el placer obtenido en los contactos sexuales se incremente exponencialmente. Por el contrario, no aceptar la realidad indica un pensamiento inmaduro, y nos condena a la frustración de las hipertrofiadas expectativas que tendemos a depositar sobre el sexo. 



Puedes leer la noticia original aquí.

   

jueves, 23 de septiembre de 2010

Explicación evolutiva del periodo refractario tras el orgasmo

El sentido común es el menos común de los sentidos, y encontrar sentido común en la sexualidad es aún más extraño dado lo primario de su origen. 

Las relaciones sexuales siempre surgen de impulsos procedentes de los estratos más primitivos del encéfalo por más que alguno se empeñe en creer que tienen algo que ver con el amor, y no se diferencian esencialmente de las del resto de los animales, pero hay matices propiamente humanos como el comportamiento durante el periodo refractario.
¿Qué hacemos los varones y las féminas tras el/los orgasmos? Me encantaría que cada uno de vosotros nos contárais cuál es vuestra costumbre, pero por si acaso no os animáis, voy a especular un poco al respecto en términos generales.

Los varones tendemos a quedarnos chafados, como si se nos hubiese ido toda la energía por la cola. Es una lástima, porque sin esa reacción vagotónica podríamos seguir chingando hasta que se nos desollara; pero el aparente inconveniente tiene una probable explicación: forzarnos a parar y ahorrar energía para poder continuar nuestras actividades, entre ellas y sobre todas, garantizar el sustento de los productos de anteriores orgasmos.
En algún libro leí hace mucho tiempo que a los mandarines chinos les privaba esto del seso, y que tenían a sus pobres alquimistas buscando la pócima que les permitiera librarse del período refractario y poder así cepillarse a toda china viviente. Hasta ellos habrían llegado las fantasías hindúes de la multiorgasmia masculina y como tampoco eran capaces de lograr dominar el arte, deseaban encontrar la solución cómoda. No sé si encontraron algún secreto que les permitió pasarse la vida chingando hasta el punto de no tener tiempo ni de cortarse las uñas, o si su longitud se debía a otras causas más ornamentales, de rango o de otro tipo.

El caso es que parece de sentido común que exista una imposición biológica de este tipo contra nuestros deseos, porque además, un orgasmo acostumbra a reducir el deseo copulatorio hasta el nivel que desean nuestras hembras: el suficiente para no tener ganas de buscar fuera de casa.
Así, los varones normalmente preferimos que ellas nos dejen en paz tras la eyaculación, necesitamos descansar antes de volver a la carga o simplemente dormir plácidamente, algo muy frecuentemente malinterpretado por ellas, que por el contrario tienden a preferir pasarse un rato dando y sobre todo recibiendo mimitos y carantoñas. Muchas, con poco sentido común, interpretan nuestro agotamiento como falta de interés o incluso de amor, pero no hay nada de eso. Es tan evolutivo nuestra necesidad de descanso como la suya de actividad, por lo que habría que ponerse de acuerdo en qué se hace: si cada uno lo que le apetece o si alguno cede a las presiones del otro.

Es cierto que si uno soporta los terribles primeros cinco minutos -más o menos- posteriores sin desparramarse en la cama puede dedicarse a las carantoñas porque ha cortado la natural reacción vagotónica que nos lleva al profundo hogar de Morfeo, pero desde luego no es la experiencia más agradable para el varón, es como asistir a una aburrida conferencia después de una comida copiosa y sentarse en primera fila: te quieres morir de sueño. 

Supongo que si no se aclaran las cosas adecuadamente desde el principio, o si es ella la que impone su voluntad, terminará perdiendo la batalla con el paso de los años... justo cuando su estrategia de captura de su macho particular haya dado sus frutos: cuando haya sido madre. Entonces, incluso, preferirá que se vaya a paseo o peor: se pondrá a hablar de la compra, la comida y las tareas del día siguiente.  

¿Cuál es vuestra opinión al respecto?



viernes, 10 de septiembre de 2010

Higiene íntima masculina

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Afortunadamente nuestro amigo tiene una cola pequeña. Yo no sé si ni así me atrevería.

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